12:20 pm. Sábado 01 de Agosto de 2020
Opinión
12:20 pm. Sábado 01 de Agosto de 2020

EL CONTEXTO:

En pleno año de pandemia, amaneció el último día del mes de julio con las redes sociales inundadas con imágenes de la colosal risotada de Armando Benetti y la sutil sonrisa de Gustavo Petro (aunque por dentro su risa fuera descomunal); todo a causa de los hijueputazos esbozados por una Angélica Lozano iracunda e inconsciente de que su micrófono había quedado abierto en plena sesión virtual de la Comisión Primera del Senado.

Amanecer con tales acontecimientos me puso a pensar sobre la carrera presidencial que se vendrá de cara a las elecciones del 2022. Esto debido a que dichos hijueputazos son la síntesis del quebrantamiento absoluto y el amplio distanciamiento entre figuras representativas de la Alianza Verde y el candidato eterno de la izquierda, Gustavo Petro.

Aunque muchos prefieren no apostar u opinar por el momento respecto a las eventuales campañas presidenciales, la verdad es que como amante de las discusiones políticas yo sí prefiero anticiparme.

Anticiparme a emitir un análisis quizás prematuro mas no por ello impreciso. La verdad es que, aunque la mayoría de los políticos, asesores o figuras públicas conserven en silencio sus apuestas, no quiere decir que desde ya no estén pensando en futuras alianzas, sacando cuentas, craneando ataques, ubicando funcionarios, dando golpes de opinión, recogiendo dineros y demás.

EL ANÁLISIS:

La fractura de los verdes con la extrema izquierda en realidad nació desde el preciso momento en el que Sergio Fajardo votó en blanco en la 2da vuelta presidencial del 2018. Se acentuó en la campaña a la Alcaldía de Bogotá donde Petro le montó contendor a Claudia López y los ataques eran de ida y vuelta. Se profundizó con la llegada de López al Palacio del Liévano y se sintetizó con los hijueputazos de Angélica Lozano a Gustavo Bolívar en aquella noche donde Benedetti se hizo merecedor de un mar de memes.

Así las cosas, entre hijueputazos y risotadas esto es lo que se ve venir de cara al 2020.

De cara al 2020 vemos venir una carrera de 3 propuestas políticas sólidas donde las similitudes con la campaña del 2018 saldrán a relucir en algunos aspectos. Muy seguramente aparecerán más de 3 candidatos en el tarjetón, pero serán de esos que entren a negociar y sumar en una eventual segunda vuelta más que a jugar un rol ganador en a primera, como siempre. Esos Humbertos (de la Calle, versión 2018) que nunca faltan, aunque tampoco sobran. Ese tipo de candidatos que a veces suman, pero porque en realidad están restándole al rival de turno.

Por el lado de la izquierda vislumbro lo obvio, la candidatura de un Gustavo Petro que busca emular lo conseguido por José Manuel López Obrador en México, resultar elegido como Presidente de la República en su tercer intento bajo la firme creencia popular de que la tercera es la vencida. Las alianzas no están fáciles por esos lados una vez considerado el hecho de que Jorge Robledo se siente más a gusto compartiendo escenario con Sergio Fajardo y con Claudia López o montando una candidatura por su propia cuenta.

Por el lado del centro (o centro-izquierda o centro-derecha, dependiendo de quien esté leyendo), Fajardo y compañía harán lo propio para finalmente ser una opción política que deje de quedarse en el “casi”. Casi pasan a 2da vuelta en el 2018 y casi pasan la Consulta Anticorrupción dos meses después.

De hecho, se puede afirmar que Fajardo inició su campaña para el 2022 de manera simultánea a su finalización de campaña en el 2018. Uno de sus primeros actos fue emitir un voto en blanco en la segunda vuelta presidencial; Fajardo sabía que la carrera apenas estaba comenzando. También es pertinente recordar que su primer anuncio de candidatura fue cuando dijo que no volvía a ser candidato. En ese entonces era apenas obvio para quienes leemos entre líneas que estaba declarando justamente lo contrario. “Yo tengo una obligación muy grande con los que votaron por mí, pero he dicho que yo no voy a volver a ser candidato, yo tengo que aterrizar, tengo que trabajar y seguir avanzando”, fueron sus palabras en aquel mayo del 2018. Algo difícil de creer viniendo de alguien que acababa de conseguir la nada despreciable cifra de 4 millones 589 mil votos en primera vuelta presidencial. Realmente estaba diciendo: “esperen tantico que ahora regreso”.

Es preciso señalar que en esta ocasión contará con lo que hasta la fecha se puede considerar una buena gestión realizada por Claudia López en la capital del país y vender una propuesta política que cuente con experiencia positiva en términos de administración pública. Y no cualquier experiencia. Ese caballito de batalla no estaba presente en la pasada contienda electoral.

Yéndonos un poco más hacia los lados de la centro-derecha nos encontramos con la falta de certezas sobre lo que pueda ocurrir con un quebrantado Partido Liberal. Igualmente, no se pueden perder de vista los movimientos de los hermanos Galán, especialmente considerando el millón de votos obtenidos por Carlos Fernando como contendor de la actual alcaldesa de Bogotá. Votos que no debemos subestimar pues recordemos que incluso minutos antes de dar inicio a los reportes de los resultados, tenían tambaleando a más de uno en el equipo de Claudia. Pueda ser que termine convirtiéndose en una pieza bisagra, de esas que son muy valiosas en un photo finish.

Estirándonos un poco más hacia la derecha el tema se torna aún más interesante pues salen a relucir nombre como Germán Vargas Lleras, Alex Char, Federico Gutiérrez y una vez más, el que diga Uribe. Ojo, todos estos de inclinaciones ideológicas volcadas hacia la derecha, pero con diferentes matices. Lo interesante es que ninguno de los mencionados se podrá alzar ganador solo, y ellos lo saben.

En el caso de Vargas Lleras, pienso que no cometerá dos veces el mismo error. Quedó demostrado en el 2018 que, en el mundo de hoy, por más aceitada que esté la maquinaria política, si el candidato no goza del aval de la opinión pública, cualquier aceite será derramado en vano. Así entonces, Vargas Lleras no va, y si va, vuelve y pierde.

Aparece entonces la opción Char, que tiene semejanza con la propuesta de Vargas de hace 2 años en el sentido que es un sello de garantía en términos de gestión y desarrollo, pero a diferencia de Vargas, goza de amplia popularidad en toda la costa caribe, carisma no le hace falta. El reto: lograr acaparar un electorado a nivel nacional. Es allí donde entra a jugar un papel relevante el Centro Democrático porque Char solo, no llega.

Uribe por su parte sabe que si quiere permanecer en el poder no podrá hacerlo solo. Su popularidad no es la de antaño, las denuncias, los ataques de los medios y su título de Matarife han hecho mella en su poderío y en su imagen política. Si su rol como estratega se sobrepone a su ego, sin lugar a dudas optará por hacer una alianza donde Char o Fico jueguen un rol relevante.

Fico, quien siempre compitió mano a mano con Char por estar de primero en el podio de favorabilidad de alcaldes del país, ha jugado con una imagen de independiente y sabe que es esa su principal arma electoral. Además, es un personaje que robaría votos del centro, tiene acogida en la derecha moderada y el uribismo lo ve con buenos ojos. Él también sabe que solo no hará mucho.

De manera inequívoca, la dupla Char-Fico, en el orden que sea, es una figura que se viene a la mente de muchos, con el Centro Democrático impulsando desde la lejanía. Ello implicaría que no existiría la figura de: el que diga Uribe. O no en su forma original. No con Paloma Valencia, ni con Rafael Nieto ni con Carlos Holmes Trujillo.

La opción más sensata es jugar con un candidato que movilice a la opinión pública y conquiste algo del centro (hablando del espectro ideológico) mientras el Centro Democrático pone vicepresidente.

Sin embargo, tal como lo dije anteriormente, en este costado el tema está interesante y tenemos múltiples combinaciones para ponernos a jugar y especular.

LA CONCLUSIÓN:

Nadie ganará solo. El único que puede arriesgarse a tan osada apuesta es Gustavo Petro. Sin garantía de éxito.

Los personajes mencionados en la presente columna son los que se vislumbran como reales gallos en una contienda electoral que tendrá similitudes con la del 2018.

Por el momento, las eventuales aspiraciones de los diversos grupos políticos podrán encontrar en la coyuntura de pandemia bajo la cual nos encontramos, una posibilidad de trabajar y desarrollar una gestión administrativa que favorezca a los colombianos en las distintas ciudades del país. Parte del discurso electoral que se emplee en el futuro se sustentará en la gestión realizada en momentos de crisis como los que estamos viviendo.

NOTA FINAL: No era el fin de la presente columna hacer un recorrido por todos los posibles aspirantes a ocupar la Casa de Nariño, pues eso sería especular de manera desmedida. Si ese hubiera sido el caso, habría tenido que traer a colación personajes como: Camilo Romero, Rodolfo Hernández, Juan Carlos Pinzón, Navarro Wolf, Humberto de la Calle, Néstor Humberto, Dilian Francisca, entre otros. No es el momento.

Sí era el objetivo, sin embargo, analizar el posible panorama de la carrera presidencial haciendo énfasis en los personajes que sí o sí tendrán un rol significativo en el desenlace de dichas elecciones.

Elecciones que muy seguramente estarán marcadas por más hijueputazos y risotadas.

 

 

Comentarios