Universidad Metropolitana
5:00 am. Jueves 16 de Julio de 2020
Opinión
5:00 am. Jueves 16 de Julio de 2020

Las mujeres desde niñas sueñan que a su vida llegará un príncipe azul, que las amará, las protegerá y vivirán felices para siempre. Esta historia la contaré en dos partes. Comenzó como un cuento de hadas, solo que duró muy poco.

Diana Arciniegas, una bumanguesa con sangre costeña, madre soltera con dos hijos, conoció a quien sería su nuevo esposo, Gary David Parkosewich, en el canal RCN, en Bogotá. “Yo hacía mis prácticas profesionales de periodismo. Nos hicimos novios y todo fue maravilloso, hasta que nos casamos”.

Cuando Diana le comentó que estaba embarazada, no dudaron en casarse. “En ese momento mis hijos tenían 10 y 3 años. Yo estaba embarazada y, de pronto, para algunos no es razón suficiente para casarse, pero para nosotros sí era importante que nuestro hijo naciera en un hogar. Nos casamos por lo civil y en una ceremonia cristiana”.

Las intenciones de Gary en un comienzo fueron buenas, solo que Diana no sabía de sus problemas de ira. “Él no soportaba a mis hijos y empezó a maltratarlos. Yo siempre los defendía y a él no le gustaba, porque lo consideraba un atropello a su autoridad como cabeza de familia. Creo que nunca entendió la diferencia entre disciplinar y maltratar”, afirma.

Diana cuenta que ya estaba a punto de dar a luz y defender a sus hijos de las constantes agresiones de su esposo, era muy complicado. “Tenía mucho miedo enfrentar a Gary, sobre todo que cuando estaba enojado no se daba cuenta hasta dónde podía llegar o, de pronto, si se da cuenta. Él nunca ha sido tratado por su problema de ira; no puedo decir si se daba cuenta, o no, pero si sé que puede llegar bastante lejos”.

Gary temía perder su trabajo en RCN porque quedaba sin visa y debía regresar a Estados Unidos. Así que habló con sus papás, quienes lo ayudaron con el papeleo para la residencia de Diana y sus hijos. Finalmente, no lo despidieron y, después de 18 meses, les llegó la residencia.

“Pasó tanto tiempo que ya se nos había olvidado que estábamos haciendo el trámite y nos dijeron que debíamos irnos a vivir a Estados Unidos, inmediatamente. En ese momento le conté a mi suegro sobre la agresividad de Gary y él me dijo ‘tranquila que acá yo te ayudo’. Todo resultó una mentira”, asegura.

Diana viajó a Old Saybrook, Connecticut, con la esperanza que su matrimonio iba a mejorar. Tenía la ilusión que Gary iba a recibir ayuda por su problema de agresividad y pensó que vivir en un nuevo país iba a favorecerlos como familia.

A los tres días de llegar a su nuevo hogar tuvieron una discusión en casa de los papás de Gary. Ella defendía a su hijo mayor, mientras Gary la golpeaba en el piso. Sus suegros, en lugar de defenderla, le quitaron el pasaporte de Dominic, su nieto.

“Ese día me di cuenta quienes eran los papás de Gary, realmente. Pasé 18 meses de abuso de esos señores. Lo que está pasando ahora es algo que me pronosticaron. Ellos sabían de la agresividad de Gary, y nunca hacían nada. Básicamente la situación era: Te aguantas porque dependes de nosotros y esa era mi realidad”, afirma Diana.

Las escenas de violencia siempre fueron delante de sus hijos y el mayor era quien defendía. Después de tres años de matrimonio, aguantando maltratos de Gary y de sus suegros, Diana admite que se volvió amargada, dura y lo empezó a tratar mal. Estaba frustrada, “mamada” como ella misma dice y además en otro país, sin poder trabajar, sin poder salir, dependiendo de ellos económicamente.

“Era muy difícil hablar con Gary de temas en donde hubiese una crítica hacia él, porque reaccionaba muy mal, con agresividad. Yo nunca podía hablar de nada que no le gustara, porque me decía que yo lo maltrataba emocionalmente y eso en mí se convertía en más frustración. Más cosas que aguantar y empezaba a quedarme callada para que él no reaccionara mal”.

Gary sexualmente también intimidaba a Diana y más cuando se negaba a estar con él. “Después de tantas agresiones, ¿Qué ganas tenía de estar con él? Entonces, me decía: ‘¡Tú eres mi esposa y tú tienes que hacerlo!’,  o me pegaba codazos, o me daba la espalda, o me dejaba de hablar para que yo accediera y terminaba sintiéndome violada”.

En enero de este año, Diana decidió no estar más con su esposo y para evitar una violenta reacción, le dijo que lo mejor era que cada uno siguiera su camino, porque ya no se entendían. “Tú quieres vivir en Colombia, es tu sueño; pero yo me quiero quedar aquí”.

Diana les comentó a su mamá y a su hermana que había decidido a divorciarse de Gary. “Mi familia estaba de acuerdo conmigo, porque conocen la situación y la historia; hasta delante de ellos me agredió; son testigos que lo que digo es cierto”.

Diana le propuso a Gary que mientras se divorciaban, vivieran bajo el mismo techo, pero en cuartos separados. Gary aceptó el acuerdo, porque él quería regresar a Colombia, pero que sus papás no se enteraran...

Aunque ya no era un cuento de hadas, la película de terror comenzaba. Esa será la segunda parte de este testimonio.

Más temas en sinrecato.com

Comentarios