Oficina de Davivienda en Bogotá donde fue tramitada la tarjeta de crédito.
8:09 pm. Jueves 12 de Diciembre de 2019
Suplantan identidad, obtienen tarjeta de crédito y saquearon $44 millones
8:09 pm. Jueves 12 de Diciembre de 2019
El movimiento se hizo en una sola transacción registrada en un negocio ubicado en Lorica, Córdoba.

Tamaña sorpresa se llevó Iván José Moreno Llinás cuando al llegar a su casa el pasado 25 de noviembre y revisar sus correos encontró un mensaje del Banco Davivienda en el cual le notificaban que a través de “su” tarjeta de crédito se había realizado un movimiento por $44 millones, a las 7:02 de la noche del mismo día.

Este movimiento fue registrado en el establecimiento denominado Accesorios Lorocell, ubicado en el municipio de Lorica, departamento de Córdoba.

No había salido del asombro cuando 11 minutos después (7:13 de la noche) recibió en su correo otro mensaje, esta vez del operador Claro, en el que le informaban que por motivos de robo/pérdida, procedieron a suspender su línea celular.

Al notar que, indudablemente, estaba siendo víctima de un acto delictivo, Moreno Llinás relacionó el segundo mensaje con el primero, concluyendo que el objetivo de la suspensión de la línea celular era el de no recibir oportunamente la notificación del millonario movimiento que habían realizado a su nombre.

En medio del asombro se comunicó rápidamente con las oficinas de Davivienda para verificar la situación y la respuesta fue que, efectivamente, el movimiento se había realizado tal como le fue notificado en el mensaje enviado a su correo electrónico.

Lo que le llamó la atención es que él no tenía un cupo tan amplio en su verdadera tarjeta de crédito de Davivienda, como para una transacción de $44 millones.

Sin embargo, desde la línea de atención de Davivienda le indicaron que sí tenía un cupo por $33 millones y que además utilizaron un sobrecupo para totalizar los $44 millones en compras.

Al día siguiente, 26 de noviembre, a las 7:53:25 de la noche, nuevamente recibió un mensaje en su correo electrónico, que indicaba sobre un nuevo movimiento con “su” tarjeta de crédito, por $9 millones, esta vez en un establecimiento identificado como Keneth Brandon Escor.

No obstante, esta transacción no se hizo efectiva porque la tarjeta ya estaba bloqueada.

El 6 de diciembre, Iván Moreno Llinás recibió una respuesta de Davivienda, a través de Oscar Mateus, del Departamento de Atención de Fraudes, en la que la entidad bancaria asegura que “la transacción reclamada se efectuó de manera normal y de forma presencial, para lo cual fue necesario la utilización del plástico (tarjeta de crédito), cuya custodia es responsabilidad exclusiva del titular o tarjetahabiente que posee una tecnología que la protege ante cualquier copiado de información (chip). No encontramos ninguna falla operativa ni tecnológica por parte del banco que pudiera haber comprometido la información de su tarjeta. En nuestras bases de datos no registra ningún tipo de alertamiento, ni vulneración de la información contenida en la tarjeta. Se realizó la solicitud del voucher correspondiente, pero hasta la fecha el comercio no lo ha remitido. Con el fin de dar claridad a los hechos que permitieron la materialización de las transacciones reclamadas por usted, hemos tratado de establecer contacto telefónico a los números registrados en el banco, sin lograr comunicación positiva. Teniendo en cuenta los aspectos anteriormente mencionados no es posible atender favorablemente su reclamación”.

Ese mismo día intentó comunicarse con el banco “pero no había línea”, por lo cual el 7 de diciembre acudió a las oficinas ubicadas en Plaza del Parque.

El revisar su situación la sorpresa fue mayúscula al descubrir que el 25 de octubre de este año habían sacado una tarjeta de crédito a su nombre, en las oficinas de Davivienda Toledo 48, en Bogotá, con dirección y números telefónicos inexistentes. Dicha tarjeta terminaba con los números 8592, diferentes a la de su propiedad.

Por esto, Moreno Llinás formula, entre otros, los siguientes interrogantes: ¿Quién tramitó la solicitud? ¿Qué soportes entregaron? ¿A quién o quiénes le entregaron la tarjeta? ¿Qué documentos utilizaron? ¿Cuáles huellas registraron?

En ese momento, Moreno Llinás decidió bloquear por completo la tarjeta de crédito que realmente mantenía con Davivienda, que es diferente a la utilizada en el saqueo de los $44 millones.

Frente a estos hechos, interpuso la denuncia ante la Sijin (Policía Metropolitana de Barranquilla), por falsedad personal, al tiempo que presentó un Derecho Petición ante el Banco Davivienda, el 9 de diciembre.

En este último solicita el retiro de las centrales correspondientes la deuda cargada a su nombre por concepto de compras en Accesorios Lorocell, por $44 millones “que de manera fraudulenta realizaron terceros” con una tarjeta de crédito que él no ha solicitado y reversar la compra hecha con la tarjeta diferente a la suya y que nunca realizó.

Igualmente le pidió al Banco Davivienda entregar copia de los formatos con los cuales se hizo la solicitud para la obtención de la tarjeta de crédito con la cual se hizo el fraude de $44 millones, así como copias del pagaré suscrito entre las partes junto con la carta de instrucciones, los documentos soportes entregados para el análisis de riesgo (carta laboral, declaración de renta, etc), cédula de ciudadanía presentada o aportada, el soporte de entrega por parte de Davivienda y el recibo de la tarjeta, al igual que copia del voucher de la compra realizada en Accesorios Lorocell.

“Todo lo anterior con el propósito de demostrar ante quien lo requiera que yo no he solicitado la tarjeta de crédito terminada en 8592 y mucho menos he realizado la compra que se efectuó”, enfatizó.

Lo curioso del caso es que el miércoles de esta semana recibió una llamada de Davivienda para notificarle la reposición de la tarjeta terminada en 8592, es decir, la misma que es objeto del fraude y que él nunca solicitó.

Recientemente se han registrado casos similares que comprometen a negocios comerciales ubicados en Lorica, Córdoba, y diferentes instituciones bancarias.

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