Mujer al caminar frente a un mural en una de las calles del sector del Bronx
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EFE

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Bogotá afronta una diáspora de drogadictos tras el cierre de "El Bronx"

"Si esto sigue así, créame, se daña más la ciudad, porque ¿dónde van a meter a toda esta gente que es drogadicta?”, preguntó uno de ellos.

Bogotá afronta un nuevo reto desde el sábado pasado cuando centenares de indigentes fueron expulsados del territorio sin ley de "El Bronx" y ahora deambulan por las calles mientras sufren el síndrome de abstinencia.

"Si esto sigue así, créame, se daña más la ciudad, porque ¿dónde van a meter a toda esta gente que es drogadicta? Nosotros somos enfermos, 'drogos'. El drogadicto no deja de serlo nunca", dijo a Efe Michael Mosquera, un indigente que habitaba "El Bronx" y cuya dentadura amarilla delata el excesivo consumo de drogas.

Hace seis días, unos 2.500 soldados y policías retomaron el control de las dos calles en forma de "L" que constituían "El Bronx", en pleno centro de la ciudad, a pocas cuadras de la Presidencia de Colombia y de la sede de la Policía Metropolitana.

En apenas 500 metros cuadrados se impuso durante 16 años el horror entre los indigentes, sometidos a una ley paralela en la que abundaban secuestros, descuartizamientos y toda clase de violencia.

"Esa mierda (los descuartizamientos) es verdad. Esas preguntas no me las haga a mí (...) Que mañana el descuartizado soy yo", dijo a Efe John Fredy Rodríguez, otro de los desalojados que tras vivir 25 de sus 34 años en la calle tiene un aspecto desaliñado, apenas le quedan dientes y desprende un fuerte olor.

De igual manera, Julio Caicedo, otro habitante de la zona, confirmó que varios de los hechos de barbarie que salieron a la luz tras la intervención policial "sí pasaban así", y agregó que allí "castigaban a los que se portaban mal".

Los encargados de impartir el castigo del que habla Caicedo eran los "sayayines", sicarios de las bandas criminales que dominaban el sector y ejercían de parapolicías con la mayor crueldad imaginable.

Si alguien robaba o se peleaba en el interior de un lugar donde el consumo de alcohol y drogas es moneda frecuente, se enfrentaba a su "autoridad".

La rutina de quienes frecuentaban el lugar era bastante "sencilla", pues pasaban la mayoría del tiempo "fumando bazuco" (mezcla de cocaína y químicos)" dentro de "El Bronx", donde el consumo no era penalizado, y "robando" afuera para conseguir dinero y más droga, según contó un grupo de indigentes a Efe.

La prostitución, incluida la infantil, era otra actividad común en ese gueto, en el que las mujeres, superadas en número por los hombres, ofrecían sexo a cambio de algo de droga o un poco de dinero.

"Nos 'engomábamos' (obsesionábamos) con las mujeres. Lo daban (el sexo) por un pipazo (una calada), aunque no todas. Había mujeres que no se subestimaban y eran de 10.000 (3,2 dólares), 25.000 (ocho dólares), 30.000 (9,6 dólares) pesos para arriba", aseguró a Efe Jonathan Fandiño, también indigente joven y de aspecto saludable.

Ahora que no existe "El Bronx", muchas de las personas que vivían allí deambulan por las calles de la ciudad y otras buscan ayuda en centros de atención cercanos dispuestos por la Alcaldía para habitantes de calle.

El director de uno de los centros de apoyo, Giovanni Cock, indicó que por lo general tienen entre 65 y 70 internos, pero que ahora "por la emergencia", están atendiendo a casi 280.

"Aquí nadie está obligado a quedarse. El que se quiera ir puede hacerlo", explicó Cock, cuya unidad proporciona, por ahora, techo, alimento y recreación para los indigentes.

Colectivos religiosos, en su mayoría católicos, también han ofrecido apoyo a los indigentes que quieran iniciar un proceso de recuperación.

Sin embargo, a pesar de todas las historias espeluznantes que sucedían en "El Bronx", los indigentes recuerdan con nostalgia la vida que llevaban ahí, pues tenían comida y licor barato, juegos electrónicos de azar, música, y consumían droga sin temor a ser arrestados.

"Yo me despertaba y decía: 'Muchachos, denme dinero para un calentado' (una mezcla de arroz, legumbres y carne). Y valía 200 pesos (0,06 dólares) y era un plato de comida en un papel", relató Fandiño.

Añadió que ahora que "El Bronx" fue desmantelado, conseguir un plato de comida en la zona le cuesta no menos de 8.000 pesos (2,5 dólares).

La mayoría de ellos recuerda muchas situaciones que los ponían "contentos", como la ocasión en la que Fandiño se ganó 50.000 pesos (16 dólares) en un juego electrónico de azar.

"Y me los fumé todos", apostilló.

EFE

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