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Junior: historias calcadas

Junior, históricamente, es “manoseado” por los árbitros. Y mucho más cuando se está en instancias cruciales y debe afrontar compromisos de visitante en plazas como Medellín y Bogotá.

 “El fútbol es el más atractivo de los juegos, porque jamás un partido es igual a otro, un gesto no se parece a otro, ni una acción colectiva a otra”, sostiene el escritor y uno de los mejores tratadistas en materia futbolística Jean Philippe Rethacker. 

Pensamiento ajustado quizás a una realidad universal. Pero en el caso específico del equipo Junior  pareciera esta regla tener su excepción. Si bien no podemos afirmar que en Junior se repiten casos y cosas exactamente iguales, sí existen experiencias casi calcadas, como si fueran fiel copia de original. Por eso el domingo, antes de comenzar el partido del Junior ante Millonarios en Bogotá, se nos vino a la mente  el recuerdo de aquel juego definitorio por el título del 2004 ante Nacional en Medellín.

Cuando el árbitro Hervin Otero conminó al arquero y capitán del equipo  Sebastián Viera a cambiarse el buzo que lucía y tras algunos minutos de discusión, nos acordamos de aquel episodio en el que el juez central de entonces Oscar Julián Ruiz, obedeciendo órdenes de los directivos del cuadro antioqueño, obligaron al plantel juniorista a cambiar de uniforme. Aduciendo que las rayas “roja y blanca podrían confundir a los jugadores del Nacional que tenían rayas verdes y blancas”. Capítulo que no pasó desapercibido y que quedó para la historia como un acto deshonesto en el que se quiso sacar ventaja desde el punto de vista del desequilibrio sicológico.

Y por conexión mental nos imaginamos de inmediato que en este domingo ante Millonarios tendríamos que luchar además con el arbitraje. Y que los jugadores junioristas tendrían que mantenerse imperturbable ante las decisiones del central. Como en efecto se vio con el parcializado trabajo del árbitro que nunca midió por igual las faltas de uno y otro equipo y condicionaba con tarjetas amarillas a los jugadores barranquilleros.

Cuando Aguirre marcó el primer gol del partido y Junior tomaba ventaja en la serie de 3-0 nos acordamos también de esa misma ventaja que Junior tenía en aquel partido en Medellín. Junior había ganado 3-0 en Barranquilla y la diferencia parecía suficiente, como ahora ante los capitalinos.

Los goles que fueron cayendo uno tras otro en el arco de Sebastián Viera en el segundo tiempo, tan solo en 15 minutos, también nos remontó mentalmente a aquella tarde del Atanasio Girardot cuando cada balón enviado, reventaba en las redes rojiblancas. Dos, tres, cuatro veces ahora. Y Millonarios “resucitaba y se levantaba del sepulcro mientras Junior caía al abismo”.  Y como si la historia quisiera repetirse, aparece el gol de Vladimir casi en el último suspiro como aquel de Ribonetto frente al Nacional. Para obligar, como entonces, a la definición desde el punto penal.

Fue la misma sensación de desaliento y tristeza de aquel 2004 y este del 2016. Que pasaría luego de la desilusión a la felicidad. Aquella vez con la conquista del quinto título. Ahora a la clasificación semifinal. Que deberemos afrontar precisamente ante el mismo equipo antioqueño. Comenzando en casa y cerrando en Medellín.

“Un partido de fútbol no es igual a otro porque no exige automatismo, porque aleja en toda edad y en todos lugares las realidades materiales”, también afirma Rethacker en su libro “El fútbol” publicado en 1963.

Pero en el caso del Junior las historias parecen calcarse. Es cierto, que en aquel 2004 y este 2016 hay una edad diferencial de doce años. Y los lugares no fueron los mismos. Pero las circunstancias fueron muy parecidas. Como parecida fue aquella otra contienda de la semifinal un 14 de diciembre del 2011 entre Junior y Millonarios. que se desenvolvió por tiros penaltis luego que Millos ganara 3-0 en El Campín y Junior se desquitara por idéntico marcador en el Estadio Roberto Meléndez. Que ganó Junior, encumbrándose a la disputa del séptimo título y enmarcado aquel episodio bajo el lema del “Si se puede”.

Y en medio de todo este regocijo que después del padecimiento nos brinda el equipo, no podemos tampoco dejar pasar en alto, la crítica al técnico Alexis Mendoza, quien sigue en su posición –terca dirán muchos-de los cambios fuera de tiempo. Como esta vez ante Millonarios. Dejando que el marcador se colocara casi imposible, cuando debió hacer las modificaciones tan pronto Millonarios se colocó en ventaja 2-1. No somos técnicos como para sentar cátedra, pero lo que el público a través de la televisión veía, era la necesidad de cambios rápidamente y no a destiempo.

Si se demora en los cambios para no equivocarse como usted dice, demórese menos en hacerlos, para ver si le va mejor. Además precise cuales deben ser los cambios.  Además, Alexis Mendoza, debería respaldarse de sus compañeros Víctor Danilo Pacheco y Carlos Araujo. Ellos deberían asesorarle en momentos cruciales. Suponemos que de no ser así y que el técnico no atiende las sugerencias o recomendaciones, ellos, los asistentes no estarían ejerciendo función alguna. Ojalá estemos equivocados.

El colofón de todas estas apreciaciones, no es más que, las de sugerirle a los directivos  del club, por enésima vez, exigir mejores garantías arbitrales. Junior, históricamente es “manoseado” por los árbitros. Y mucho más cuando se está en instancias cruciales y debe afrontar compromisos de visitante en plazas como Medellín y Bogotá. No solo debe enfrentar a los once rivales, sino al “jugador 12” que son los árbitros.   

    

 

 

  

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