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Luis 'Cariaco' González
6:50 pm. Lunes 26 de Agosto de 2019
¡A cambiar el chip rojiblanco..!
6:50 pm. Lunes 26 de Agosto de 2019
Debe comenzar a marcar otro derrotero para devolver la ilusión.

Transcurridas apenas doce horas de aquel insulso y desesperante cero a cero con Envigado la noche del miércoles pasado y llegado el equipo a Barranquilla, el técnico Julio Comesaña irritado quizás por los interrogantes de los periodistas, se despachaba molesto con respuestas altisonantes intentando justificar la mala presentación ante los antioqueños. Pero aquello no era más que el resultante de una serie de actuaciones seguidas que han dejado en mala posición a su equipo.

“Apenas está comenzando el torneo, estamos a pocos puntos de los primeros, se están ajustando las líneas y los jugadores se van amoldando a lo que queremos”, fueron más o menos contestaciones del entrenador a los interrogantes. Su rostro reflejaba empero el malestar que producía que se le estuviera enjuiciando por la ventaja que el Junior estaba dando a sus rivales. Explotaba Comesaña tal vez frustrado por los comentarios y críticas no solo de la prensa sino de los aficionados inconformes por el malo, por no decir, pésimo rendimiento de sus dirigidos. Calificó de “drama” todos esos comentarios al plantel y en tono poco amigable señaló: “pareciera que no somos nada y olvidan que  somos los bicampeones, quédense tranquilos”. 

Pero hay razones suficientes para las críticas al técnico y a los jugadores. Al entrenador por –lo que se considera- no utilizar adecuadamente sus fichas. La conformación de nóminas inicialistas no parece acertada. Tiene cuatro y cinco refuerzos extranjeros, de los cuales poco utiliza a los Yohandry Orozco, Farías y “Cariaco” González, amén del chileno Matías Fernández a quien definitivamente no quiere oler ni ver en pintura. Su única unidad confiable es el arquero Viera. A Hinestroza lo utiliza de marcador por falta de confianza en Germán Gutiérrez. Prefiere utilizar línea media aún en casa, con tres recuperadores como Narváez, James Sánchez y Cantillo, este último contagiado de la parsimonia de sus compañeros aunque por momento intenta ser el eje para la línea de ataque.

Hablando de ataque no pareciera tener capacidad para marcar diferencia. Aunque cuenta con veloces punteros como Cetré, “Cariaco” González y el propio Hinestroza, la falta de un verdadero goleador, que Teófilo ha dejó de serlo, le resta continuidad y fortaleza a la ofensiva.

Sus jugadores lucen apáticos, cansados, paquidérmicos, sin ganas de correr; prefieren el toque insulso que ante la vista luce dominador de los espacios, pero no hay profundidad. Ya al Junior le tienen medido los rivales. Saben que el equipo se regodea tocando del medio para atrás en una actividad improductiva. Sus punteros en las contadas llegadas no lanzan centros, prefieren devolver la pelota y los del centro quieren meterse con el balón al arco.  Murillo, sumamente medroso no pasa del medio y se dedica a devolver a sus compañeros de defensa. Así las cosas, este Junior Bicampeón ha quedado en el reflejo apenas de un equipo mediocre. Razón se tiene cuando lo califican de “Trampolín” y “Resucita Muertos”. A Patriotas, contendor de tabla baja no pudo vencer, al Rionegro que pelea por no descender no le pudo siquiera empatar. En casa se dejó manosear por el América y la última muestra ante Once Caldas el domingo último, fue la cereza al “postre amargo” con una derrota que nadie creía.

En ocho juegos de liga solo ha marcado dos goles (Cetré y Teófilo), ha ganado tres, empatado uno y perdido cinco para un rendimiento desastroso y sumamente preocupante de menos del 50 por ciento. Pareciera dormido en sus laureles y creídos quizás que con la camiseta y el título de bicampeón fuera suficiente. 

Se hace necesario y urgente, según  nuestro criterio, un cambio contundente en la forma de jugar. No es dominando el tiempo y el espacio que se logran los triunfos. Si no hay gol, esencia del fútbol, no podemos creer en ganar. Y aunque Comesaña insista en que falta mucho camino por recorrer, en cada fecha cumplida crece la angustia y la desconfianza.  Este jueves 29 de agosto frente al Cali en partido de Copa Aguila y en siguiente juego de liga, debe comenzar a marcar otro derrotero para devolver la ilusión. Caso contrario la incertidumbre aumentará al tiempo que la continuidad del entrenador uruguayo seguramente comenzará a debilitarse.

Es hora de que el técnico cambie la forma de jugar de sus dirigidos. No es suficiente manejar el balón de lado a lado intentando opacar al rival. Si no se es ofensivo y si no aparecen los goles de nada vale dominar el juego. La responsabilidad está en los jugadores, pero enormemente también en la forma en que el técnico de las instrucciones. Sobre el papel, Junior, según la crítica general es el club mejor conformado por la calidad de sus integrantes. Pero como reza el refrán, “No solo es parecerlo, sino demostrarlo”. En definitiva, hay que cambiar el chip en el entrenador y en los jugadores. Y a ello hay que agregarle, sin duda, una alta dosis de temperamento y mística ovalada. 

 

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